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La distribución de la renta en Andalucía |
La
evolución de la distribución de la renta en una economía es uno de
los rasgos más determinantes del bienestar alcanzado en su seno. En
realidad, éste último depende de la capacidad que tengan los
diferentes sujetos y grupos económicos para disponer de ingresos que
les permitan la satisfacción de sus necesidades. Sin embargo, resulta
sorprendente que las estadísticas relativas a la distribución del
ingreso y la riqueza sean las menos disponibles, lo que implica grandes
dificultades para poder conocer el bienestar realmente alcanzado en una
sociedad.
Esas limitaciones estadísticas se manifiestan básicamente en
dos circunstancias. En primer lugar, sucede que los datos relativos a la
distribución de la renta se conocen con bastante retraso. Así, en la
fecha en que se escribe este capítulo sólo se dispone de estimaciones
sobre las retribuciones de los diferentes factores productivos para
cinco o siete años atrás, según cual sea la fuente utilizada. Si se
quisiera conocer la distribución de los ingresos entre los hogares
andaluces habría que acudir a los datos de hace diez años.
En segundo lugar, es característico de las cifras relativas a la
distribución su enorme diferencia según cuçal sea la fuente
estadística utilizada, lo que obliga a considerarlas con cierta
aproximación y a no darles un valor definitivo y completamente
acertado. Puede dar una idea de ello que, según las series
homogeneizadas más recientes que publica el Banco Bilbao Vizcaya con el
título de Renta Nacional de España y su distribución provincial[1],
la participación de las remuneraciones del trabajo representan un
65,39% del total de las rentas andaluzas en 1991, mientras que si se
toman los datos de la Contabilidad Nacional de España las retribuciones
de los asalariados serían el 46,82% del total de las rentas andaluzas
en ese mismo año.
Dados estos problemas de estimación y medición en este
capítulo se presentan los datos menos controvertidos que permiten
conocer a grandes rasgos y de la forma más actualizada posible la
ditribución de la renta en la Comunidad Autónoma Andaluza.
La capacidad de generación de rentas
Una circunstancia previa a la hora de conocer cómo se
distribuyen los ingresos en una economía, y en nuestro caso la
andaluza, es determinar cuál es su capacidad efectiva para generar
rentas. Es decir, su potencial creador de actividad económica pues,
como es sabido, los ingresos que reciben los diferentes sujetos
económicos no son sino las retribuciones que se establecen como
consecuencia de su participación en las diferentes actividades.
Por lo tanto, es muy significativo partir de determinar el
volumen de ingresos generado, las condiciones en que se genera y su
ubicación espacial y sectorial concreta.
Para ello puede utilizarse como magnitud de referencia el
Producto Interior Bruto. Esta variable mide el volúmen de actividad
económica que se generado en una economía y en un periodo determinado.
Constituye una aproximación aproximada al total de las rentas
percibidas en la economía porque su cálculo por la vía del producto,
es decir contabilizando el valor de todos los bienen y servicios
producidos en la economía, debe ser equivalente al total de los pagos
que se han realizado para producirlos y obtenerlos por los consumidores
finales.
Sin embargo, esta magnitud sólo proporciona una imagen
aproximada de la actividad económica, pues no contabiliza el trabajo
que no es remunerado, aunque constituye actividad productiva, el
deterioro de recursos que puede producirse a medida que se produce y,
sobre todo, porque no tiene en cuenta la calidad de los procesos, de
forma que representa una adición al PIB tanto la creación de riqueza
productiva como la actividad que se dedica, por ejemplo, a limpiar un
vertido tóxico que lleva consigo destrucción futura de recursos.
Advertido esto, la evolución del Producto Interior Bruto Andaluz
se puede cifrar en torno a los 10 billones de pesetas corrientes en
1998, lo que viene a ser un 13,14% del Producto Interior Bruto español.
En el cuadro nº1 se resgitra la evolución resumida de su
participación en el total español a lo largo de las últimas décadas.
Como puede comprobarse, a pesar de que en la última década se
ha producido un incremento significativo resulta que hoy día la
participación del producto interior andaluza sobre el total nacional es
más reducida que hace veinticinco años, lo que expresa claramente que
la economía andaluza no ha mejorado sustancialmente su capacidad
endógena de generación de rentas respecto al conjunto de la economía
española.
Esta debilidad intrínseca de nuestra economía se puede
constatar si se tiene en cuenta que Andalucía representa
aproximadamente un 18% de la población y de la superficie nacional, lo
que permitiría establecer que, si se guardasen las proporciones, ese
debería ser también el porcentaje que debería más o menos
corresponderle en cuanto a generación de actividad económica. Téngase
en cuenta, por ejemplo, que el PIB de Cataluña, cuya población
representa aprximadamente el 15% de la población nacional, es el 19,07%
del español también en 1998.
Por lo tanto, la primera debilidad de la economía andaluza
respecto a la nacional, y en sí misma considerada, es su relativamente
menor capacidad de generación de actividad económica y,por tanto, de
rentas endógenas, es decir, obtenidas a partir de la producción que se
lleva a cabo a partir del uso de sus propios recursos productivos.
En gran medida, este fenómeno se produce porque la economía
andaluza tiene como característica que crece a mayor ritmo que la
nacional en épocas de expansión económica, pero también crece
bastante menos en épocas de recesión. Precisamente por ello, le
resulta más difícil mantener una senda continuada de convergencia
respecto a los valores del PIB nacional.
Pese a ello, si se considera la evolución del PIB per capita, es
decir, teniendo en cuenta el montante de población, la senda de
convergencia de la economía andaluza presenta registros algo más
positivos. En el cuadro nº2 se presenta el recorrido de Producto
Interior Bruto andaluz per capita comparado con el español y el de la
Unión Europea. Ahí puede comprobarse el movimiento oscilante por la
razón que se acaba de señalar y, a pesar de ello, el predominio de una
tónica, aunque lenta, de convergencia. Destaca, en cualquier caso, que
Andalucía se encuentra aún bastante lejos de los niveles de nuestro
contexto más próximo, pues nuestro PIB per capita era en 1998 el
72,26% del español y el 58,86 del europeo.
Finalmente, hay que considerar la forma en que se generan los
ingresos en el interior de la propia economía andaluza. En este
sentido, el cuadro nº 3 muestra la contribución de cada provincia a la
generación de la renta interior total andaluza. Como
puede comprobarse es muy significativo que sólo dos provincias, Sevilla
y Málaga, representen por sí solas el 42,08% de toda la renta interior
andaluza, y que si a ellas se suma la aportación de Cádiz resulta que
más del 60% de la renta total se produce en sólo tres provincias, lo
que indica un grado de concentración muy elevado.
En el cuadro nº 4 se puede destacar, por último, que ninguna
provincia andaluza alcanza la media nacional en cuanto a capacidad de
generación de rentas endógenas y que la capacidad global de la
economía andaluza ha bajado en los últimos años, al pasar de ser el
72,09% de la media nacional al 69,15, a pesar de que este último dato
se refiere al año 1993 y muy posiblemente se haya producido un
incremento de esta magnitud en los últimos periodos. también se
confirma desde esta perspectiva la enorme disparidad interior, pues
puede observarse que hay una gran diferencia, por ejemplo, entre la
participación de Granada (61,73% de la media nacional) y Sevilla (que
representa un 75,84%). Y es muy destacable así mismo la enorme
disminución relativa de la provincia de Cádiz. Distribución
funcional de la renta andaluza Una
vez conocida el volumen total de rentas generadas en la economía
andaluza puede conocerse como se distribuyen entre los diferentes
factores productivos. A este respecto se suele distinguir entre
remuneraciones del trabajo, haciendo referencia al trabajo que se presta
en los diferentes sectores productivos, entre las rentas del capital,
distinguiendo entre intereses y dividendos que perciben los propietarios
de las empresas, el ahorro neto de éstas últimas y las rentas
inmobiliarias, y las llamadas rentas mixtas, que son las que perciben
los trabajadores, profesionales o empresarios autónomos. Como
se señaló al comienzo, los datos relativos a este reparto muestran
sustanciales diferencias según cuál sea la fuente estadística
utilizada. Así, según las citadas serie de la Fundación BBV las
rentas del trabajo representaría en 1993, último año para el que se
tienen datos, el 69,2% del total de las rentas, las rentas mixtas el
25,74% y las rentas del capital el 12,46%. Sin
embargo, la Contabilidad Nacional de España elabora la llamada cuenta
de renta de los hogares de Andalucía que permite comocer el origen de
los diferentes ingresos de los mismos. Según esta fuente, la
remuneración de los asalariados representaría en 1995 el 43,64% del
total de las rentas y el excedente bruto de explotación el 27,9%. En el
cuadro nº 5 se refleja la diferente composición de la renta interior
andaluza atendiendo a los diferentes factores productivos para 1993.
Como puede comprobarse, destacan, dentro de las remuneraciones del
trabajo, las correspondientes al sector servicios, lo que indica el alto
grado de terciarización de nuestra economía. Por lo que hace
referencia a las rentas mixtas destacan así mismo las relativas las de
profesionales, trabajadores y empresarios autónomos. El relativamente
importante peso de estas rentas puede interpretarse como consecuencia de
la debilidad del sector industrial andaluz, lo que ha llevado
posiblemente a que muchos trabajadores hayan optado por generar
actividad como autónomas en sus diferentes modalidades. Es
también muy significativo conocer el peso relativo de las
remuneraciones que perciben los factores andaluces en la remuneración
total que cada uno de ellos percibe en el conjunto nacional. El
cuadro nº 6 muestra la evolución desde 1995 de cada una de estas
remuneraciones. De él pueden obtenerse algunas conclusiones
significativas. Por
un lado destaca que sólo las rentas agrarias, tanto las
correspondientes al trabajo como las mixtas, tienen un peso relativo
mayor al que debería corresponderle si seguimos utilizando el listón del 18% que representa la población y la superficie andaluza
en el total andaluz. El hecho de que su peso prácticamente no deje de
aumentar significa que la economía andaluza no logra incorporarse de
forma definitiva a las tranformaciónes estructurales generales que se
producen en la economía española, o al menos, que en nuestra economía
se mantiene un peso de la actividad agrícola que no se corresponde con
el que tiene en el conjunto nacional. Paralelamente,
destaca también la disminución igualmente progresiva, aunque mantenida
en los últimos periodos, de las retribuciones en el sector industrial,
lo que muestra el declive de esta actividad en Andalucía. Ni tan
siquiera las remuneraciones del trabajo obtenidas en la construcción y
los servicios han logrado aumentar su peso relativo sobre el conjunto
español. Algo
parecido debe señalarse respecto a las rentas mixtas, salvo en el caso
ya mencionado de las que corresponden por este concepto a los
agricultores. Por
su parte, las rentas de capital andaluzas en relación con las que se
obtienen en el total español reflejan una evolución que es muy
significativa. Puede
comprobarse en el cuadro nº 6 que en conjunto han disminuido su peso lo
que corrobora un proceso de descapitalización empresarial en nuestra
economía. Pero quizá lo más llamativo de la evolución de estas
rentas sea que las correspondientes a intereses y dividendos aumentan su
proporción sobre el total, lo que muestra una mayor tendencia de las
empresas andaluzas a retirar de la circulación productiva las rentas
empresariales generadas. Y eso es precisamente correlativo con la muy
considerable disminución del ahorro neto de las sociedades y empresas,
cuyo peso en el total nacional prácticamente disminuye a la mitad en el
periodo considerado. Por
otro lado, hay que destacar el importante volumen que representan en
Andalucía las rentas inmobiliarias. Es muy significativo, por ejemplo,
que en 1993 su montante total fuese de 390.945 millones de pesetas, una
cifra que supera a la suma de las rentas percibidas en concepto de
intereses y dividendos (232.164 millones de pesetas) y del ahorro
empresarial (150.552 millones de pesetas). Refleja una especialización
del capital hacia los usos menos productivos que sin duda influye sobre
las potencialidades de la economía andaluza. Todas
esas circunstancias manifiestan un fenómeno que debe ser muy tenido en
cuenta pues indica que la empresa andaluza hace frente a su actividad
productiva con cada vez menor capacidad de financiación interna, o que
cada vez capitaliza en menor medida sus beneficios para fortalecer su
forteleza endógena en el mercado. Es
por todo ello relevante que las rentas de capital sean, si se excluyen
las rentas públicas, las que menos proporción representen sobre las
correspondientes al conjunto nacional, lo que prueba que la debilidad de
la estructura empresarial andaluza es uno de los cuellos de botella que
afectan al desarrollo de nuestra economía. Por
todo lo que se acaba de señalar es fácilmente explicable que las
rentas públicas generadas en Andalucía hayan visto también reducir su
peso en las correspondientes al total nacional como consecuencia de la
mayor atonía productiva relativa y de la menor capacidad de generación
de rentas que muestra la economía andaluza. Consideración
especial de las rentas del trabajo Las
encuestas de salarios y la propia Contabilidad Nacional permiten conocer
con algo más de detalle la composición de las remuneraciones del
trabajo y su distribución. Según
se desprende de la Encuesta de Estructura Salarial del Instituto
Nacional de Estadística, en 1995 la ganancia media anual en España fue
de 2,79 millones de pesetas y en Andalucía de 2,5 millones. No
sólo destaca esta disparidad global, sino que, al analizar con más
detalle las retribuciones, resulta que en Andalucía se registran
(aunque de forma parecida a lo que ocurre en el conjunto nacional)
considerables diaparidades y discriminaciones salariales. La
diferencia más relevante es la que se da entre hombres y mujeres, pues
estas últimas obtienen una ganancia media que es el 65% de la que
reciben los varones. Sin
embargo, a partir de la información que proporciona el cuadro nº7 que
muestra las diferencias existentes por edad y sexo en las retribuciones,
pueden observarse tendencias quizá más positivas. En
la actualidad las diferencias son muy acusadas como puede comprobarse
pues, en términos generales, antes de los treinta años, se percibe una
ganancia media muy por debajo de la que corresponde a perceptores de
edades más avanzadas. Pero es muy significativo que las mujeres de
edades entre 20 y 49 años muestren una tendencia a superar en ganancia
a todos los demás niveles, lo que puede indicar que la reciente
incorporación femenina al trabajo puede estar contribuyendo a disminuir
la discriminación salarial hasta ahora existente. La
encuestas de salarios muestran también grandes diferencias entre las
remuneraciones del trabajo en los diferentes sectores económicos. Así,
si se da el valor de 100 ptas. a la ganancia media en Andalucía,
resultaría que, en 1995, los trabajadores en actividades agrarias,
ganaderas y pesqueras percibirían 29,79, los la enseñanza y sanidad
76,62, los de hostelería y restauración 70,18, los de comercio y
reparaciones 92,26, los de construcción 95,28, los de actividades
industriales 132,83, los de transporte y comunicaciones 162,71 y los de
servicios financieros y seguros 235,24. Se
trata, por lo tanto, de un abanico demasiado abierto que muestra la
existencia de una distribución de las ganancias del trabajo muy
desigual en la sociedad andaluza. La
renta familiar disponible Conocida
la remuneración de los diferentes factores productivos es importante
determinar la renta de la que disponen finalmente las familias para
poder destinarla al consumo y al ahorro. Es la llamada renta familiar
Bruta Disponible Lógicamente,
esta es una magnitud de gran trascendencia pues expresa la capacidad
final que tienen las familias para poder satisfacer sus necesidades. Su
valor se obtiene, básicamente, añadiendo a la renta generada en el
interior de la economía andaluza las transferencias que reciben las
familias (prestaciones sociales) y restando los impuestos indirectos que
han de pagar así como las cotizaciones sociales. Pues
bien, la Renta Familiar Disponible en Andalucía prácticamente no ha
dejado de aumentar en los últimos decenios. Si
se considera su peso en el total nacional, ha pasado de representar el
13,88% en 1967, al 13,75% en 1975, el 13,91% en 1985 y el 14,26% en
1998. Puesto
que hemos analizado anteriormente la evolución de la renta interior y
se ha comprobado que ha sufrido una disminución relativa a lo largo de
los últimos años mientras que ahora resulta que la Renta familiar
Disponible muestra una tendencia contraria lo que se deduce, entonces,
es que han aumentado los recursos netos que las familias andaluzas
reciben de fuera de nuestra economía. Como
muestra el cuadro nº7 el porcentaje que representan las prestaciones
sociales sobre el total de la renta interior andaluza se ha incrmentado
muy significativamente en los últimos decenios, y en particular, desde
comienzos de los años ochenta como consecuencia de la consolidación en
España de las modernas estrcuturas de bienestar social. Esta
evolución se resalta aún más si se utilizan los microdatos que
proporcionan las Encuestas de Presupuestos Familiares, aunque sólo
están disponibles para los años 1981 y 1991. En
1981 lo que se puede definir como rentas de no mercado, es decir, las
que no derivan de remuneraciones por trabajo por cuenta ajena, por
cuenta propia o del capital, que percibían las familias andaluzas
representaban el 19,63% del total de sus rentas, mientras que diez años
más tarde ya representaban el 28,62%. El
incremento de estas rentas exógenas significa que ha aumentado la
función redistributiva del estado, de forma que los territorios con
menos capacidad endógena de generación de ingreso se ven compensados
con una mayor afluencia de prestaciones provenientes del sector
público, lo que permite aumentar la renta disponible de las familias.
Se trata, pues, de un fenónemo de solidaridad interregional y social
positivo y típico y necesario de las sociedades más desarrolladas.
Andalucía, como s eha comprobado, se beneficia del mismo. Sin
embargo, no puede desdeñarse el hecho de que este tipo de ingresos
implicam lógicamente una dependencia significativa respecto de fuentes
de renta que no tienen que ver con la capacidad económica propia. Desde
este punto de vista pueden significar un cierto desincentivo de cara a
desarrollar más intensivamente los recursos endógenos, una cierta
cultura de la subsidiación y, a medio y largo plazo, un peligro para el
bienestar si, por cualquier circunstancia, no pudiera mantenerse la
tónica redistributiva hasta ahora prevaleciente. En
cualquier caso, dee tenerse en cuenta que las prestaciones sociales que
percibe en general la economía andaluza (más adelante haremos
referencia a la evolución de los impuestos para conocer el saldo total)
no son mucho más elevadas que las que reciben otras comunidades más
ricas como Cataluña, si se toman en términos per capita. Así,
en 1993 Andalucía recibió 263.000 pesetas por habitante por este
concepto, mientras que Cataluña el ingreso correspondiente fué de
322.966. Lógicamente,
estas cifras de prestaciones sociales han de compararse también con el
flujo impositivo entre comunidades para conocer con rigor el saldo neto
de transferencias y, por lo tanto, el efecto final de la acción
redistribuidora. El
cuadro nº9 muestra el porcentaje de aportación o ingreso sobre el
total que realiza o recibe cada una de las comunidades autónomas
españolas. Como puede comprobarse, se ha producido un cambio muy
significativo de tendencia en los últimos años, lo que puede estar
indicando que la pauta redistribuidora del sector público español
quizá pierda sentido de la proporcionalidad y de la equidad
interterritorialidad. Puede
comporbarse que, mientras que Andalucía se mantiene prácticamente en
la misma situación y disminuye laaportación que recibe Extremadura,
otras comunidades más ricas, como Cataluña o el País Vasco disminuyen
considerablemente la diferencia entre lo que aportan y lo que reciben
del resto de las comunidades. La
evolución de la renta familiar disponible per capita confirma estos
últimos procesos, o dicho de otro modo, que la labor redistribuidora
del sector público no es tan potente como a primera vista puede
parecer. Para
el conjunto andaluz, la participación de esta magnitud sobre el total
nacional ha disminuido en los últimos años y ocurre prácticamente
igual para todas las provincias, salvo Granada, que tiene la renta
familiar disponible más baja, y
Huelva. Si
se comparan estos datos provinciales con los relativos a la renta
interior puede deducirse como dato significativo que sólo dos
provincias, Sevilla y Málaga, tienen una renta interior mayor, lo que
expresa que su capacidad de generación de rentas endógenas les
proporciona una menor dependencia respecto de los ingresos familiares
procedentes de transferencias. Distribución
territorial del ingreso
También en la dimensión espacial de la distribución de las
rentas existen grandes dificultades para conocer con precisión la pauta
de reparto. Una
imagen aproximada de lo que ocurre en los municipios andaluces de puede
deducir de los estudios que antes realizaba Banesto sobre mercados
comerciales y que en la actualidad lleva a cabo el servicio de estudios
de la Caja de Ahorros y Pensiones de Barcelona[2]. Utilizando
diversos indicadores indirectos obtiene el llamado "nivel
económico" de los municipios de más de mil habitantes de todas
las provincias. Este nivel económico se divide en diez grandes estratos
de renta, al igual que hacían los anuarios comerciales que para años
anteriores había realizado Banesto, lo que permite cierta comparación
aproximada. Aunque
se trata de un indicador de la renta municipal aproximado permite
resaltar las grandes diferencias que se producen entre los diferentes
territorios españoles. Así, para el conjunto nacional resulta que un
45,85% de la población habita en municipios que tienen más de
1.450.000 pesetas de renta media. Sin embargo, el porcentaje de
población andaluzaq que habita en municipios con ese nivel de renta es
cero. En
Cataluña, sólo el 5,9% de la población total vive en municipios con
ingresos menores de 1.250.000 pesetas. En Andalucía, toda la población
vive en municipios con ese nivel de renta. La
pobreza en Andalucía Ningún
análisis de la distribución de la renta puede dejar de mencionar los
niveles de desigualdad más extremos que dan lugar a la aparición de
bolsas de pobrez y marginación. Para
conocer la magnitud de la pobreza en una economía se suele partir de la
distrbución de la renta de los hogares o de las personas considerando
que se encuentra en esa situación quienes no alcancen a disfrutar del
50% de la renta media del contexto nacional en donde habitan. Utilizando
como fuente la Encuesta de Presupuestos Familiares puede deducirse que
la pobreza, en sus diferentes manfifestaciones más o menos agudas, es
un fenómeno aún demasiado persistente, no sólo en Andalucía sino en
el conjunto nacional, aunque con niveles más elevados en nuestra
Comunidad. El
cuadro nº11 muestra las tasas de pobreza estimadas para Andalucía en
1991 a partir de los microdatos que proporciona la mencionada encuesta.
Puede comprobarse la enorme magnitud de esta lacra económica que en el
año 1991 afectaba a un 30,2% de la población andaluza o a un 26,3% de
sus familias. Por
provincias sobresalen Almería y Granada en donde una tercera parte de
su población puede considerarse pobre. Estos
porcentajes significan, traducidos a magnitudes absolutas, que alrededor
de 500.000 hogares o 2.000.000 de personas (más de ocho millones y
medio en España) están sumidos en la pobreza en Andalucía.
[1] Fuente: FUNDACIÓN BBV. Renta Nacional de España y su distribución provincial. Serie homogénea.Años 1995 a 1993 y avances 1994 a 1997. bILBAO 1999. [2] CAJA DE AHORROS Y PENSIONES DE BARCELONA. Servicio de Estudios. Anuario comercial de España 2000. Barcelona 1999.
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